En muchas empresas de construcción, instalaciones y reformas el cierre del ejercicio no falla por falta de trabajo, sino por cómo se mide ese trabajo.
Se ejecuta obra, se asumen costes, se avanza en proyectos… pero al llegar el 31 de diciembre nadie tiene claro cuánto de eso está realmente ganado y cuánto no. El resultado es un cierre que no refleja la realidad del negocio.
La clave no está en la facturación. Está en medir bien los trabajos en curso y contabilizarlos con criterio.
Paso 1. Identificar qué trabajo está realmente ejecutado
El primer error habitual es tratar el trabajo en curso como un cajón de sastre. Para medir bien hay que empezar por algo básico: separar lo hecho de lo pendiente.
No vale con:
- “La obra va avanzada”.
- “Estamos más o menos al 70%”.
Hace falta identificar:
- Qué unidades de obra están ejecutadas.
- Qué instalaciones están terminadas.
- Qué trabajos están realmente realizados a cierre.
Aquí la contabilidad no manda. Manda la realidad técnica del trabajo.
Paso 2. Valorar el trabajo ejecutado con criterio económico
Una vez identificado el trabajo ejecutado, hay que darle valor. Y aquí aparece el error frecuente:
- Aplicar porcentajes sin base real: el más o menos.
El criterio correcto es valorar el trabajo ejecutado por el coste incurrido, ajustado por:
- Desviaciones detectadas.
- Sobrecostes que no se podrán repercutir.
No todo coste genera beneficio. Y no todo avance garantiza margen.
Paso 3. Aplicar correctamente el principio de devengo
El principio es sencillo: gastos e ingresos deben ir al mismo ejercicio.
Si el coste está registrado en el año y el trabajo está ejecutado, el ingreso asociado también debe reconocerse, aunque la factura se emita más adelante.
Esto no es “anticipar ingresos”.
Es reconocer los que ya se han ganado.
El Plan General de Contabilidad lo permite y lo exige, tanto en su versión normal como en PYMES.
Paso 4. Contabilizar el trabajo en curso sin distorsionar las cuentas
Una vez medido y valorado, el trabajo en curso debe reflejarse correctamente:
- Como existencias mientras no esté facturado.
- Compensando los costes ya llevados a resultados.
- Sin duplicar ingresos ni inflar el balance.
Un error habitual es ajustar el cierre “a ojo” y no revisar nunca más ese importe. El trabajo en curso debe regularizarse cuando se factura o se termina el trabajo.
Paso 5. Entender el efecto en resultado, balance y caja
Cuando los trabajos en curso se miden bien:
- El resultado refleja mejor la actividad real del año.
- El balance deja de castigar injustamente a la empresa.
- La caja se interpreta correctamente: beneficio ganado, pero aún no cobrado.
Esto evita sorpresas y decisiones tomadas sobre una foto incompleta.
Paso 6. Lo que diferencia un buen cierre de uno mediocre
Un buen cierre no es el que menos beneficio muestra “por prudencia”.
Es el que refleja la realidad económica del trabajo realizado.
Un cierre mediocre genera dudas, decisiones erróneas y desconfianza.
Un buen cierre permite gestionar con datos fiables.
Cierre: medir bien el trabajo es parte de gestionar bien
Medir y contabilizar bien los trabajos en curso no es un detalle contable.
Es una forma de proteger el beneficio y entender el negocio.
En empresas de obra, instalaciones y reformas, quien no mide bien lo que hace, nunca sabrá de verdad cuánto gana.
Y ningún negocio puede gestionarse bien desde la duda permanente.





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