La semana pasada, en una conversación con el dueño de una pyme comercial, me soltó una frase que me hizo pensar:
“Las cuentas de crédito son un producto muy peligroso.”
No es la primera vez que lo oigo. Muchos empresarios les tienen cierto miedo. Y no es para menos: mal usadas, pueden ser una trampa. Pero bien utilizadas, son una herramienta financiera muy potente.
Como casi todo en empresa, el problema no está en el producto, sino en cómo lo usamos.
Hoy quiero contarte, sin tecnicismos, qué es una cuenta de crédito, para qué sirve, por qué puede ser peligrosa, y sobre todo, cómo puedes sacarle partido sin poner en riesgo tu empresa.
¿Qué es una cuenta de crédito y cómo funciona?
Una cuenta de crédito (también llamada póliza de crédito o línea de crédito) es un acuerdo con tu banco que te permite disponer de dinero hasta un límite pactado, durante un periodo determinado, normalmente 12 meses.
Es como si el banco te dijera:
“Te dejo hasta 100.000 €, y puedes coger lo que necesites cuando lo necesites. Solo pagas intereses por lo que uses y durante el tiempo que lo uses.”
Ejemplo práctico:
Tienes una póliza de 100.000 €.
Durante 20 días necesitas 40.000 € porque un cliente se retrasa y tienes que pagar sueldos.
Solo pagas intereses por esos 40.000 € durante esos 20 días.
El resto del tiempo, si no usas nada, no pagas nada más allá de la comisión de disponibilidad (muy baja).
¿Para qué sirve una cuenta de crédito?
Una cuenta de crédito sirve para financiar desfases de tesorería a corto plazo.
Es decir, para cubrir el hueco que hay entre que pagas a proveedores y cobras de clientes.
Nada más. Ni para comprar maquinaria, ni para invertir en crecimiento, ni para tapar agujeros estructurales.
Si tu empresa es sana pero tiene picos y valles en los cobros y pagos, una cuenta de crédito te da oxígeno y tranquilidad.
¿Por qué puede ser peligrosa?
Aquí viene la parte delicada. Hay dos formas habituales de meter la pata con una cuenta de crédito:
1. Usarla como financiación permanente
Si tu cuenta de crédito está siempre al límite, ya no es una herramienta de apoyo. Es una muleta crónica.
Consecuencias:
- Te da una falsa sensación de liquidez.
- Si el banco no te la renueva, te ahogas.
- Sigues financiando el día a día con dinero pensado para emergencias.
2. Pensar que como no la usas, no pasa nada
Aunque no uses ni un euro, esa póliza aparece en la CIRBE (el registro del Banco de España que recoge todos tus riesgos bancarios).
Esto afecta a:
- Tu capacidad de endeudamiento: otros bancos te verán como alguien ya “apalancado”.
- Tu rating bancario: podrías obtener peores condiciones en futuras financiaciones.
En resumen: una cuenta de crédito mal gestionada puede cerrar más puertas de las que abre.
¿Merece la pena tener una?
Sí. Pero solo si la usas bien.
Condiciones mínimas para que sea útil:
- La usas solo para desfases puntuales de tesorería.
- Tienes claro que una cosa es tenerla y otra usarla.
- Controlas bien tus flujos de caja.
- Tienes un plan B si el banco no te la renueva.
Cómo usar bien una cuenta de crédito: 5 claves
- Negocia un límite razonable, no el máximo posible.
No se trata de “cuánto más, mejor”, sino de tener lo que realmente necesitas. - Haz simulaciones de tesorería.
Prevé tus picos y valles para saber cuándo la vas a necesitar. - Usa la cuenta como un paraguas, no como una manta.
Si llueve, te cubres. Si no, ni la toques. - Revisa tu saldo cada semana.
Una póliza olvidada es un problema en potencia. - Mantén relación con más de un banco.
Si uno falla, no puedes quedarte colgado.
¿Y si ya estás hasta arriba?
Si ahora mismo tienes la póliza al 100% y no sabes cómo salir de ahí, no estás solo.
Tiene solución, pero necesitas un plan para reconvertir esa deuda en financiación estructural, como un préstamo a medio plazo.
Muchos empresarios descubren tarde que no tienen un problema de rentabilidad, sino de descontrol de flujos. Y ahí, la cuenta de crédito no es la solución, es parte del problema.
Conclusión
Una cuenta de crédito no es buena ni mala. Es una herramienta. Y como todas las herramientas, puede ayudarte a construir o puede hacerte daño si la usas mal.
Bien gestionada, te da flexibilidad, tranquilidad y capacidad de maniobra.
Mal usada, te convierte en rehén de los bancos.
Si llevas tiempo con la cuenta de crédito al límite, o si no estás seguro de si la necesitas realmente, quizá ha llegado el momento de mirar tu tesorería con otros ojos.
Y si necesitas ayuda, aquí estoy.
0 comentarios